De Eduardo Sabugal
“Dime, Señor, ¡Dios mío ! ¿Nos hundes en la sombra del abismo ?¿Somos pájaros ciegos sin nidos ?La luz se va apagando. ¿Y el aceite divino ?Las olas agonizan. ¿Has querido jugar como si fuéramos soldaditos ? Dime, Señor, ¡Dios mío ! ¿No llega el dolor nuestro a tus oídos ?”